El mejor ejemplo de lo que significó un cambio, lo es la tabasqueña María de los Ángeles Ortiz Hernández, quien sin nombrar jamás a su paisano Andrés Manuel López Obrador, es una de las mejores promotoras del color Moreno.


Habrá quien diga que esto no es así, seguramente teniendo como ejemplo la reunión obligatoria a la que convocó a todos sus subordinados en un salón social de Boca del Río, en donde el pasado mes de abril, en donde los exhortó a sufragar en pro de los candidatos color cielo.


Sin embargo, ese tipo de acciones al igual que el mal trato a quienes no siendo de su círculo o de los favoritos de su secretaria, persona esta última que es la que decide muchas acciones para su patrona, en nada benefician la política del cambio, sino todo lo contrario.


Las puertas en la dependencia a su cargo, están cerradas al público, pero no a sus consentidos.


Mientras otros funcionarios del estado entendido esto como la entidad jarocha, en realidad trata de dar otra imagen, la señora Ortiz trata con el pie a los gobernados.


Esto no tendría mayor importancia para los veracruzanos si ocurriera en otro lado del país o en alguna de las dependencias oficiales asentadas en Veracruz, que tradicionalmente limitan el acceso al público.


Pero es lamentable que la campeona paraolímpica, trate con la punta del pie como se dijo a sus congéneres que hacen deporte en silla de ruedas, a los pesistas, a la gente de luchas asociadas y para colmo al handball o balón mano.


Sí, porque esta presunta delincuente electoral, se desempeña como Directora del Instituto Veracruzano del Deporte, donde uno de sus serviles y arrastrados seguidores, lo es, Cesar Agustín Vivanco, quien se supone fue llevado ahí por Juan Jiménez al que no vaciló en darle la espalda con tal de conservar el hueso.